El poema egoísta

Y sí hablo mucho. Entonces dame una palabra que sea semilla y haré crecer un árbol. Pero no cortes mi bosque o me quedaré en silencio. Y si te molesta que hable tanto. Entonces, déjame solo que yo he de saber de qué conversar conmigo mismo.

Y sí miro al sol, no me cubras con tu sombra. Deja que los rayos amarillos me bañen, acércate con inocencia y también tu podrás sentirlos. Muéstrame tu luz y te escribiré poemas. Pon inspiración en mi corazón y te regalaré historias completas.

Y sí canto, déjame ser irreverente. Por qué cuando canto mi corazón grita y mi alma se infla como fruta madura. Dame una canción, regálame una melodía, tócame con tu voz y guardaré tus sonidos en mi corazón.

Y sí voy, hago y digo. Acompáñame, apóyame y escúchame. Soy un curioso explorador que se satisface en tocar la vida con las llemas de los dedos. Que se complace en escuchar los susurros de las calles con los ojos cerrados.

Y sí te amo. Compartete conmigo. Se mi compañera, cómplice y pareja. Y entonces te amaré en palabras, en ideas, en sueños, en canciones, en sonrisas, en juegos, en travesuras y en cuentos. Te amaré con los ojos, en risas y en silencios. Dame ternura y me volveré un curioso explorador de los jardines de tu cuerpo, de tu corazón y de tu mente. 

Y sí un día me pierdo en el abismo. Alumbrame con ternura. Guíame con la realidad porque soy un soñador adicto a la fantasía. Déjame explorar la pureza oscura, pero cuídame de no perderme en la autocompasión. Ámame en verdad y guíame en sueños. 

Y sí algún día ves mi alma, no temas. Explórame y tócame, que en mi corazón llevo manantiales de caricias y veranos de alegría. 

AJRM 

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