Hoy, conocí una flor
Este cuento está dedicado a todos aquellos que desean comenzar el camino de su felicidad. Con profundo amor les deseo que hoy conozcan una flor.
Como hacía buen rato y como de costumbre Malaj desbordaba las calles ensimismado, cabizbajo, con prisa y sin sueños. La ruta de siempre, siguiendo los pasos del de adelante. Las mismas calles, las mismas sombras, las mismas luces, los mismos charcos. Nada nuevo, nada desconocido, nada ajeno.
Pero ese día, mientras caminaba, le pareció que algo era diferente, algo casi imperceptible modificando el conocido paisaje. Entonces lo notó. Una ventana que siempre había estado cerrada hoy estaba abierta de par en par. En el borde de la misma, había una pequeña cazuela con poca tierra y un pequeño brote verde saliendo de ella.
Sin mucho interés, Malaj dio un paso atrás en signo de desaprobación y siguió su marcha. No ha mucho andar se descubrió a sí mismo pensando en aquel pequeño brote, como si su simple existencia representara una herida a su confortable estilo de vida. Así que pensando en la ventana y su pobre florero llegó al trabajo y realizó sus labores casi sin afán. De regreso a casa, observaba vigilante aquella ventana y su secreto. Algo en aquella ventana le atraía con una fuerza magnética. Sin embargo, por ser de noche, la ventana había sido cerrada y con ello se había devuelto a la calle su agradable y reconfortante monotonía a la que Malaj estaba acostumbrado.
Sin dudarlo y como quien recupera un bien anhelado, Malaj encendió un cigarrillo, aceleró el paso y se dirigió a su hogar.
La mañana siguiente, Malaj se despertó aletargado y triste. Sin embargo, una pequeña luz dentro de él estaba encendida y con anhelo de volver a ver aquel pequeño brote verde a pesar del malestar que le había causado en su caminata anterior. Confundido pero motivado por tal pensamiento, se apresuró a salir de su hogar. Cruzó la calle, caminó recto por 6 cuadras y después dio una vuelta a derecha hasta llegar al mismo lugar donde había visto la ventana abierta el día anterior.
Para su sorpresa, la ventana estaba abierta nuevamente y la cazuela en el borde. Sin embargo, en lugar del brote verde, se levantaba una juvenil y fresca flor azul. Malaj inseguro, se quedó observando desde el otro lado de la calle a la recién nacida flor. Unos instantes después, resolvió que sería bueno acercarse e investigar más a fondo sobre aquella nueva criatura. Frente a la humilde maceta y observando la elegante flor, Malaj acercó su nariz para olfatear su aroma. Mientras acercaba su rostro, escuchó una suave y cálida voz que decía:
—¡Espera, no te acerques demasiado que tengo una enfermedad y puedo contagiarte!
Malaj, asustado y sorprendido retrocedió, miró a los alrededores en busca de quien le hablaba. Al no poder identificar el origen, se quedó consternado y casi decidió emprender nuevamente su camino cuando aquella voz suave se volvió a escuchar diciendo:
—¡Hola!, perdona si te he asustado, es que estoy enferma y no quiero dañarte. —Malaj aún más sorprendido se quedó inmóvil—. ¿No me escuchas?, soy la flor azul.
Miró atentamente la cazuela y observó como la pequeña flor azul abría sus ojos, que al igual que ella, eran de un hermoso color azul.
—¡Hola, no te asustes! ¡Soy amigable! —dijo sonriente la flor.
—Perdona, no quería molestarte. No sabía que dormías. Si no te importa, seguiré mi camino. —respondió Malaj, inseguro y titubeante.
Pero la flor, como quien recién descubre el mundo miraba a Malaj con ojos curiosos y llenos de luz nueva y resplandeciente.
—No te vayas aún, ayer apenas era un capullo, hoy he crecido y quiero aprender y conocer el mundo. Por cierto, me llamo Salij. ¿Cuál es tu nombre? —preguntó cándidamente la flor mientras se sacudía un poco a la derecha y a la izquierda sin doblar ni lastimar su frágil tallo, pero como quien ha dormido por un largo tiempo y necesita estirar sus extremidades.
—Malaj, me llamo Malaj. —contestó el hombre aún sin creer lo que miraban sus ojos.
—Mucho gusto Malaj, lamento haberte asustado pero debía advertirte que estoy enferma y podría contagiarte.
—¿Enferma, pero cómo puedes estar enferma si acabas de nacer?, te ves tan llena de vida y además eres tan hermosa y saludable.
—Precisamente de eso estoy enferma amigo Malaj. Disculpa, ¿te molesta si te llamo amigo?
Malaj que nunca había sido llamado amigo inmediatamente se llenó del calor familiar que le brindaba Salij con sus palabras. Una sensación brillante y reconfortante recorrió su cuerpo y le infló el pecho. Curioso pero aún desconfiado siguió la conversación con la flor.
—Mmmm no... no me molesta que me llames amigo. Pero no entiendo, ¿por qué dices que estar llena de vida y ser hermosa es tu enfermedad? Creo que aún eres demasiado joven e infantil para saber que significa realmente estar enfermo.
—¡Oh no!, soy joven pero sé bien quien soy. Estoy enferma de vida. Las flores de mi especie solo vivimos un día. Esa es mi enfermedad, ayer era solo un capullo, ahora soy joven, pero al atardecer moriré. Ese es mi destino.
—¡Pero qué tontería! ¿Quién podría creer semejante falsedad? ¡No se puede estar enfermo de vida! ¡No me vengas con estupideces! ¡No me digas mentiras!
—¿Por qué estás tan enojado amigo Malaj?, solo te he dicho que moriré. ¿Por qué mi muerte te incomoda tanto? ¿Por qué no puedes creerlo?
—¡No me interesa tu muerte, no me interesas tú! Apenas te conozco y no puedo creer que mueras en un día. ¡Eso es demasiado cruel! ¡Demasiado rápido! ¡Demasiado fugaz!
Después de hablar, la sensación cálida y brillante en el pecho de Malaj al ser llamado amigo, se convirtió inmediatamente en un nudo en la garganta, un profundo y conocido dolor en el pecho de vacío y duda. Como quien se oculta de sí mismo, Malaj bajó la cabeza, dio un paso atrás y sin mirar a Salij ni un momento, le dio la espalda y comenzó a caminar nuevamente por la conocida y desolada calle.
Tras alejarse unos metros, sintió la mirada de la flor azul que le cruzaba desde la espalda hasta el corazón. La mirada amorosa de Salij le atravesaba como flecha al rojo vivo; con tal intensidad que Malaj no pudo contener las lágrimas que comenzaban a fluir de sus ojos. Tanto tiempo había pasado desde que aquel hombre lloró por última vez, que sus lágrimas se sentían como brazas calientes recorriendo su cara y saladas como mar cuando le llegaron hasta la boca. Sin levantar la cabeza, Malaj se secó los ojos con la manga de su abrigo y escupió los restos de las lágrimas que no se había podido tragar. Suspiró profundamente, se dio la vuelta y regresó ante la presencia de la flor.
—¡Perdón! —dijo Malaj sin levantar la cabeza.
Salij, con profunda ternura y amor le respondió:
—Soy una flor que vivirá solo este día, por lo que he de vivir hasta que mi tallo se doble y mi última hoja se caiga. Pero sé que he de vivir un solo día. Amigo Malaj, tú eres hombre y no sabes cuanto has de vivir, así que vives como si tuvieras un mañana. Haces planes, caminas despacio, sin rumbo y sin amor. Afortunada soy yo que conozco cuando moriré, así que puedo decidir que hacer y como vivir al menos por un día. Yo no elegí nacer hoy en esta cazuela, además tampoco puedo moverme. Pero elegí abrir mis ojos mirando al sol y elegí llamarte amigo. Así que, aunque no elegido mi muerte, he elegido mi vida y he aceptado mi destino. Por eso es que la muerte no me asusta. Mientras tanto tú, no te has dado cuenta de que andar cabizbajo es como si tu tallo se doblara; al llorar de rabia, desesperación y frustración es como si tus hojas se marchitaran. Aunque tus días son más sobre la tierra y te puedes mover, has decidido abrir tus ojos mirando al suelo y huir de mí. Haces todo esto por que te da miedo morir. Por que si este fuera tu último día sobre la tierra, tendrías esa inquietante sensación de que pudiste haber vivido más. Amigo Malaj, le temes a la muerte por que te falta vida.
En cuanto Salij terminó de decir esto, Malaj alzó inmediatamente la cabeza con mirada de asombro y la boca entreabierta. Nunca nadie le había hablado con tanta cercanía y verdad. Al igual que lo había hecho su mirada, las palabras de Salij le atravesaban el corazón. Le generaban un malestar que no había sentido antes, como si su confortante estilo de vida se colapsara bajo sus propios pies y el piso se convirtiera en un frágil cristal resquebrajado. Como si la joven flor le conociera desde hace tiempo y lo mirara desde su interior. Una vez más, el hombre bajo la cabeza como un niño avergonzado de una travesura. Una mezcla de resignación, pero también humildad. Salij continúo de esta forma:
<<No quiero ofenderte, amigo. Pero parece que no has resuelto que tanto las flores como los humanos compartimos el mismo destino. La muerte.
Los humanos se empeñan en nombrarlo todo, en organizarlo. Temen a lo que desconocen, lo que no tiene nombre, lo que no puede ser contado, tocado, evaluado, observado, dividido en piezas más pequeñas. Se temen incluso a sí mismos. Temen a sus sueños, a sus pensamientos. Temen a las sombras que aparecen en sus cabezas. Pero sobre todo le temen a sus deseos, se ocultan de ellos, tratan de mitigarlos, de olvidarlos, luchan en contra de sí mismos sin darse cuenta de que no hacen más que quedar atrapados en ellos bajo una cortina de insatisfacción e infelicidad. Incluso, cuando dejan que sus deseos salgan a la luz, que sus sueños los invadan, cuando disfrutan sus ideas y cantan, ríen, lloran y experimentan todas sus emociones, los otros humanos los llaman locos, malos, pervertidos o raros. Pero a mi Malaj, más loco me parece un hombre deja su trabajo por que se siente explotado y después se ataca así mismo diciendo que es un cobarde, un débil. Como si resistir y sufrir a cualquier embate, a cualquier situación por dañina que fuera lo condujera a la redención. Como si encomendarse al sufrimiento cambiará su destino y le diera un día, un minuto o un segundo más de vida. Hay seres humanos que incluso piensan en el sufrimiento como un sinónimo de la virtud, creándose para sí mismos una vida en la que el sufrimiento se vuelve un ideal para sentirse merecedores de las alegrías que esta vida les brinda de forma gratuita.
La lucha en contra de sus propios deseos es lo que ha pervertido al humano. Las flores, tenemos necesidades simples que pueden ser satisfechas de muchas maneras, por ejemplo: mi pequeña maceta, agua suficiente para un día y luz. Sin embargo, al igual que los humanos, las flores deseamos. Quizá una tierra más fértil haría que mis hojas fueran más azules y mi tallo más resistente, quizá un poco más de agua haría que fuera más alta, quizá estar en otra ventana me habría dado más luz y ayudado a mi desarrollo. Sin embargo, amigo amado mío; al final del día, mi destino se cumplirá y moriré. Mi maceta no importará, el agua regresará a su ciclo infinito y el sol me precederá. Por lo que mi humilde maceta, el agua del día y el sol que entra en esta ventana me satisfacen. Sin embargo, estos deseos solo corresponden con mis necesidades simples de planta, pero hay unas necesidades y deseos más que viven en mi interior. Unos deseos que al igual que mis necesidades básicas terminarán con mi muerte, pero que son la razón misma de mi existencia, de mi felicidad, del camino de mi vida. Mi deseo de la amistad y la alegría; mi deseo de compartir mi existencia. Esos deseos los conozco y no lucho en contra de ellos. Así que desde que vi el sol por primera vez, decidí sonreír y desde que te vi quise llamarte amigo. Pero tú, a pesar de que tu curiosidad te trajo hasta mí, decidiste darme la espalda y agachar la cabeza. La curiosidad es tu deseo Malaj, luchar en contra de ella es lo que te ha pervertido, lo que te hace infeliz.
Antes de que me calle, déjame decirte una cosa más. Los humanos se esfuerzan muchos días de su vida por satisfacer sus necesidades básicas y cumplir los deseos que tienen que ver con ellas. Una casa más grande, un auto más lujoso, comida más elaborada, agua cada vez más filtrada, cuerpos más atléticos, salarios más altos. Pero en su incansable búsqueda de satisfacer sus necesidades más simples de formas más complejas, se han confundido o se han olvidado de los deseos que le dan sentido a sus vidas, han olvidado sus caminos. Muchos humanos, ni siquiera reconocen sus propios deseos aunque estos les golpean las narices cada vez que respiran. Piensan que necesitan una casa grande cuando lo que desean es una familia. Piensan que necesitan un carro más veloz cuando lo que desean es salir, explorar el camino y tener aventuras emocionantes. Los humanos quieren poseer los deseos más que vivirlos. ¡Qué locos están los humanos!>>
Una vez terminó, Salij cerró los ojos y lanzó un largo suspiro. Decir todas estás palabras se sentía como liberarse de una carga molesta y pesada. Mientras tanto, Malaj la observaba con los ojos desorbitados. No podía creer que dentro de la flor tan joven existiera tanta claridad y elocuencia. Pero sobre todo se encontraba anonadado por el mensaje de Salij. Sus palabras habían hecho eco directamente en la vida de Malaj. Lo que ocurría, es que el hombre se daba cuenta de que la flor era pura alma, mientras él, era pura sombra. En ese instante, Malaj entendió la casualidad cósmica de su encuentro con Salij. Descubrió que aquel impulso vital que le había hecho falta durante tanto tiempo se encontraba ahora frente a él representado como una humilde flor azul. Algo dentro de él se movía dando paso a un evento trascendental en su vida del cual ya no podía escapar y que se había concebido desde el momento en que se acercó a oler la flor. Posiblemente antes, en el momento en el que vio el brote saliendo de la cazuela desde la primera vez y quedo prendado.
Mientras Malaj pensaba en todas estas cosas, Salij callaba. Así estuvieron durante varios minutos. Sin decir nada, sin mirarse el uno al otro pero unidos. Cada uno era capaz de notar la presencia del otro en un silencio armónico y sin prisas. El ambiente entre los dos se sentía como el flujo de un río que si bien puede ser estrepitoso, también puede convertirse en el sonido reconfortante del agua fluyendo.
Malaj rompió el silencio cuando se dio cuenta de que junto a la maceta de Salij yacía una hoja azul. La primera hoja que había perdido Salij rumbo a su destino. El hombre alzó un poco los ojos para ver a la flor y observó como ella incluso parecía más vieja, su tallo un poco menos verde y ligeramente encorvado, sus hojas azules menos brillantes. Sin embargo, la mirada de Salij conservaba su fulgor y fuerza, incluso parecía que a la jovialidad y ternura de los ojos de la flor se le había añadido el resplandor de la sabiduría. Por lo que Malaj dijo:
—He notado que has cambiado, amiga Salij. —así llamó el hombre a Salij por primera vez—. Tus palabras me han conmovido y aunque he de aceptar que me es difícil comprenderlas, reconozco su verdad en mí. Durante mucho tiempo he recorrido estás calles, conozco sus charcos, sus sombras, sus sonidos, sus silencios. Conozco cada una de las puertas y las ventanas que hay en esta ruta. Sé de que lado caminar a cada hora del día para que el sol no me queme la cara. Sé cuáles luminarias funcionan y casi el tiempo exacto de cuando las luminarias descompuestas dejaron de funcionar. Por incontable tiempo he trabajado y vivido de la misma manera. He de aceptar que mi rutina me es reconfortante, cómoda e incluso segura. Mi trabajo no me satisface, pero tampoco me incomoda. Realizo una labor que conozco y me es llevadera, aunque a veces he de aceptar que me gustaría que me ofreciera algún desafío. Sin embargo, frecuentemente sucumbo a la lontananza. Me convenzo de que no puedo reprochar de mi vida. Incluso me complazco en comparar mi confortable estilo de vida con algún otro individuo con menos fortuna que yo, quizá alguien sin hogar, alguien enfermo o desamparado. Cuando miro mi vida desde los ojos de un pordiosero, incluso se me antoja sonreír y agradecer al TODO por tener una vida reconfortante.
Malaj continuó hablando de esta manera:
<<Pero amiga Salij, quiero abrirte mi corazón y revelar que a veces me gustaría perderlo todo y convertirme en ese pordiosero con el que me comparo y desprecio tanto. Cada día por la mañana, me despierto en mi departamento completamente solo, me doy un baño de prisa, me visto sin mucho afán, desayuno algo sencillo, preparo un almuerzo simple que apenas sirva para mitigarme el hambre y salgo al trabajo, camino por estas calles alejándome del sol, procurándome una sombrilla por si llueve, llego a mi trabajo donde hago todo automáticamente y casi sin prestar atención; al mediodía, como mi almuerzo velozmente para regresar a hacer alguna otra actividad esperando que me ofrezca alguna emoción pero siempre obtengo más de los mismos procesos y formularios; al final del día regreso a mi departamento, casi siempre de noche, si me apetece me apaño un cigarrillo. Una vez en casa, enciendo el televisor y después de unas horas me voy a la cama para repetir mi rutina cada día. Si estoy de humor, algún fin de semana salgo a dar un paseo a un parque cercano en el cual disfruto de mirar a los transeúntes. Sin embargo, desde hace tiempo camino por estas calles con la cabeza agachada sujetándome las manos por detrás. En más de una ocasión me he detenido a mitad del camino con la idea de regresar sobre mis pasos y explorar alguna otra senda. Innumerables ocasiones he pensado en dejar mi apartamento, y mudarme a otro lugar de la ciudad simplemente por conocer nuevas calles y ver nuevos rostros. No pocas veces he pensado en renunciar a mi trabajo, ya que aunque mi salario es suficiente para mantener mi estilo de vida, las actividades que realizo me aburren y cada día mis labores se me hacen más sencillas y carentes de sentido.
A pesar de mi hastío, cada que he intentado cambiar algo de mi vida, cedo ante la comodidad de mi rutina. A veces incluso pienso que ya estoy viejo como para desear aventuras infantiles. Cualquiera que viera mi vida diría que no tengo de que quejarme, que he alcanzado un estilo de vida confortable que debería soportar hasta mi retiro y entonces poder viajar y dedicarme al descanso. Pero el aburrimiento lo vivo cada día y ya lo traigo hasta en los huesos. Por eso es que a veces pienso que si lo perdiera todo, sería feliz. Perder mi trabajo me impulsaría a buscar uno nuevo, dejar mi casa me obligaría a moverme a otro vecindario. Dejar mi comunidad posiblemente me lleve a pedir ayuda, a que se me dificulte la vida y si soy afortunado, quizá a encontrar algún amigo. Pero no me siento capaz de ser un feliz pordiosero, así que he de conformarme con ser un infeliz ciudadano acomodado. Siempre he hecho lo que debo, he cumplido con lo que se me ha enseñado, me he movido en la escala social y he alcanzado el éxito a los ojos de los que me han precedido. Pero siempre hay un éxito mayor que alcanzar, un deber más grande, una enseñanza más que cumplir, una expectativa más que realizar.>>
Así terminó de hablar Malaj casi al borde de las lágrimas, con un nudo en la garganta mezcla de hastío, frustración y abandono. Su malestar era tan notorio que Salij vio que los puños del hombre se encontraban cerrados y apretados, como listos para una pelea. Sin embargo, la flor comprendió que la pelea de Malaj era interna. Una batalla que libraba entre sus deseos de un estilo de vida más libre y complaciente y las barreras que él mismo construía para mantener su posición dentro de su conocido estilo de vida. Cuando Malaj hablaba de cambiar su trabajo y modificar su forma de vivir, sus ojos brillaban y una luz como la de los ojos de Salij resplandecía desde su mirada, pero cuando el hombre hablaba de las dificultades para salir de su actual estilo de vida su rostro se ensombrecía y quedaba cubierto de un color gris muy parecido a la niebla que cubría a las aburridas calles que recorría cada día.
Sin decir nada, Salij alzó su mirada hacía el sol. Los rayos refulgentes le bañaban toda la cara mientras la flor cerraba sus ojos lentamente. Salij sintió como el calor del sol le recorría sus hojas, su tallo y le llegaba hasta las raíces. Mientras tanto, Malaj observaba todo esto sin saber que pasaba con la flor. A pesar de no entender, en ningún momento se atrevió a interrumpir a la flor en su ritual. Por el contrario, mirar a Salij tan tranquila y llena de alegría le producía calma y serenidad. De esta manera, sin palabras, la flor le enseñaba a detenerse a contemplar, escuchar y sentir a la naturaleza. Tras un instante, claramente relajada y sin bajar la cabeza, Salij volvió a abrir los ojos y comenzó a hablar a Malaj sin mirarlo.
<<Para cada ser, la existencia es lo que hay entre dos nadas. Antes de nacer éramos nada y al morir nuevamente nos volvemos a la nada. Sin embargo, entre estas dos nadas existimos, nos incorporamos a la vida y al TODO. Mientras vivimos, tenemos deseos. Entre estas dos nadas; somos. Por eso es que nuestro camino es lo que importa, por que es lo único que tenemos. El andar hacía tu destino, amado Malaj, estará lleno de confusiones y bifurcaciones. Pero, aunque tu muerte habrá de cumplirse innegablemente, tuyas son las decisiones y la dirección de tu vida.
No te digo esto para confundirte, si no para que disipes tus dudas y te deshagas de todo aquello que te sobra para recorrer el camino de tu propia felicidad. En este camino, no te falta valentía, te sobra miedo. No te falta amor, te sobran ataduras. No te falta coraje, te sobran excusas. No te falta alegría, te sobran preocupaciones. No te faltan las decisiones, lo que te sobran son los pretextos.
Para vivir tu felicidad, habrás de convertir la esperanza en impulso y tus deseos en proyectos. Cuando te deshagas de lo que sobra y tengas el impulso, tal vez sin darte cuenta estarás en el camino de tu felicidad. Entonces, cuando las confusiones y las bifurcaciones aparezcan en tu vida haz como yo. Mira al sol y contempla la naturaleza, escucha tu voz interior que te guía y acompaña siempre. Si tienes dudas, medita y pide orientación, escúchate atentamente y con humildad. Sé honesto contigo mismo y tu camino estará cargado de verdad y amor. Por difícil que parezca, no temas, no te escondas ni evadas al dolor, puesto que él te hace prestar atención a ti mismo cuando algo no te satisface, evadir el dolor te llevará al sufrimiento. La felicidad no puede vivirse en sufrimiento. Una vez que entiendas esto, dejarás de pelear en contra de tus deseos y podrás disfrutarlos.
Aunque ahora el camino te parezca claro y quizá entendible, una cosa más has de saber. Solo pensar es vano e inútil, puesto que el camino de la felicidad exige vivirse. Quien solo piensa se pone a sí mismo en contra de la sabia naturaleza que siempre se mueve, cambia y se renueva, de tal forma que al que solo piensa esto mismo le genera sufrimiento. Guárdate de vivir en tu mente, ya que si bien pensar es posesión valiosa la conciencia debe emplearse>>
Cuando Salij termino de hablar, su semblante era muy diferente al joven brote que era solo unas horas antes. Su tallo se encorvaba considerablemente, pocas hojas estaban en su posición y sus colores eran parduzcos. Malaj lo notó inmediatamente y no pudo evitar mostrar su asombro y tristeza por que sabía que el día pronto terminaría llevándose consigo la vida de Salij. La ahora anciana flor, estiro sus extremidades mostrando que aunque su cuerpo había envejecido, ella conservaba aún su fuerza vital. Puesto que ya no había nada más que decir ni nada más que preguntar, Malaj se inclinó ante la flor y la beso justo encima de los ojos, este sería el único beso que los dos amigos intercambiarían. La flor cerro los ojos mientras los labios de Malaj se posaban sobre su frente, inmediatamente entendió que este era un beso de respeto y admiración. Cuando Salij abrió sus ojos, Malaj estaba recargado en el muro junto a la ventana. Así se quedaron, en silencio y contemplando el atardecer en una calle solitaria. Juntos miraron como los últimos rayos de sol golpeaban los muros de las casas pintándolas de un color anaranjado y cálido, juntos se asombraron al ver como las sombras crecían y se entremezclaban con la luz para dar a los objetos de la calle una percepción gigantesca. Rieron juntos mientras un tenue rayo de luz golpeaba un charco convirtiendo los reflejos amarillos en una tormenta de luz como cien mil millones de estrellas que chocan entre sí y después desaparecen como si se hubieran quedado dormidas. Ambos cerraron los ojos para respirar el aire nocturno que comenzaba a refrescar por todos los rincones. Pero esta vez, Salij ya no volvió a abrirlos. Así fue como se cumplió el destino de la flor. Así es como terminó su vida y el camino de su felicidad. En una tarde junto a un amigo a quien amó tanto como para compartir su felicidad, sus colores y sus palabras con él.
Cuando Malaj miró a Salij, sus ojos se llenaron de lágrimas y su corazón de una inmensa y oscura pureza. Entendía que su amiga se había marchado para convertirse en nada, para volver al TODO. Malaj entendía que en un día había experimentado más amor que durante todos sus días anteriores y esto le dolía en el alma. Agotado, se hincó frente a la maceta que tenía el cuerpo marchito de Salij, lo que estaba en la humilde cazuela ahora solo era el cuerpo vacío de un espíritu que se antojaba tan grande como el de la tierra misma. Agachado como estaba, Malaj comenzó a recordar las palabras que Salij le había regalado con su vida misma. Entonces, esa oscura pureza, algo en Malaj renació, comenzó a crecer y refulgir, crecía poco a poco dando paso a una luz interior que vibraba y se arremolinaba por todos lados dentro de Malaj. En ese instante, Malaj por fin reconoció a su ser interior que despertaba y lo llenaba de paz. Un ser interior que le recordaba a Salij, que era la flor y que era Malaj, todo al mismo tiempo. Sin una sola palabra, su luz interior calmaba a Malaj y le hacía saber que el camino de su felicidad habría de comenzar.
Tiempo después de la muerte de la flor, Malaj aún se encontraba llevando la vida que tenía antes de conocer a la flor. Pero las calles ya no eran monótonas ni el trabajo afanoso. Malaj, con dudas y trompicones notaba que comenzaba a recorrer su camino y a moverse en la dirección de sus deseos. Un día sin pensarlo, cambió su ruta de regreso a casa y encontró un lindo vecindario con una gran avenida transitada donde la gente parecía malhumorada y gris. El descubrimiento le pareció gracioso, puesto que todos corrían y se movían a gran velocidad como su se tratara de un juego, sin prestar atención a los pájaros que cantaban, peleaban y se arremolinaban en el aire y que conformaban todo un placer para la vista por las formas que dibujaban en el aire. Otro día, sin mucha explicación, se deshizo de su televisor, puesto que descubrió que escuchar música y mirar atardeceres le proporcionaban un placer inmensamente mayor. Poco después, se mudó a otro lugar de la ciudad que si bien le quedaba más lejos del trabajo, el viaje en autobús le permitía avanzar con su lectura y de vez en cuando disfrutar el trayecto escuchando conversaciones ajenas. Algún tiempo después, con dudas pero en calma Malaj finalmente renunció a su trabajo. Con el dinero que le restaba abrió un negocio en la avenida donde le gustaba mirar a los pájaros. Aunque el hombre no sabía nada sobre ser un comerciante, su deseo era conocer a otras personas y hacer algo que le fuera desafiante. En el marco del negocio de Malaj se leía con letras bien decoradas y de color azul brillante “Florería Salij”. En su negocio, Malaj cuidadosamente cultivaba, regaba, podaba y preparaba flores y arreglos florales de todos los colores y olores; se había vuelto experto en arreglos para cumpleaños. Lo que más le gustaba era silbar melodías alegres cuando trabajaba con los rosales y las gardenias. A pesar de que lo intentó fervientemente, nunca pudo encontrar una rara especie de flor azul que era capaz de crecer en humildes macetas y cuya vida durara solamente un día. Lo anterior lo entristecía sobremanera pero se reconfortaba con la idea de que Salij, su flor azul debió ser la única en su especie. Así que el hombre continuaba todos los días explorando y curioseando la ciudad, los alrededores, sus flores y su interior. La gente malhumorada y gris que se detenía en su florería siempre era bien recibida y sin muchas palabras Malaj era capaz de trasmitir una energía de vida que varias veces se le admiraba. Cuando alguien le preguntaba sobre su cándido humor y ferviente alegría, Malaj siempre contestaba de esta manera:
-HOY, CONOCÍ A UNA FLOR-
Angel J. Ruiz
Gracias por tan hermoso cuento, hay mucha gente que le encantaría leerlo, me has dejado una linda enseñanza, tienes hermosas frases e ideas, sigue escribiendo! Considerame como una
ResponderBorrargran seguidora de tus escritos! Ten por seguro que conoceré una flor.
Gracias Angel🤗💛
Te admiro ...😉